Pad – #1 – #6

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I remember that first pang of throbbing pain.
I remember
that first pang
of throbbing pain.
I remember that
first pang of throbbing
pain.

It had no arms nor legs
but it had hands and feet,
propelled aloft by its own hair,
it, (but it was more like a
he) won.
Or had won,
before the pain settled.

This is no Herzenschmerz,
kein Sehnsucht.

At least not exactly
in the instagrammable way.
No wall can be built with this brick
though it is itself a wall.
A Gestalt of sorts, of
pain.
The parts are whole.
Broken lines and such.

Thick black porridge
tangled fleshy thicket
darkness half consumes
later
brights lights popping aft and fore
devastating Lust und Blut.

 

What happens to the bones?
The hold the structure.
They are the structure.
And something consumes
the structure’s structure.
Another structure,
perhaps,
happens to be both
disease and cure.
Focus, m8.
Who you talkin’ to?

It’s just a crowded room,
and everybody is silent
for now.

 

[Me|Ple] Asure

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Ahora que medimos todo en metros,
(decasílabas de siglos áureos,
nosécuantos bajo tierra sobre suelo
y la sempiterna mirada tan lejana)
todo,
menos las huellas que dejan las palabras,
de tanto aplaudir a la gente se le olvida
que en silencio se mide, o se medía,
más de cerca, es decir,
en palmos:
dos de cerebro a corazón y viceversa,
uno de garganta a garganta que te besa
en la dulce deducción de dolor y duda
que se chocan con un muro de lengua
rebasable en pulso de tabla y hueso.

Respira.
Ahora te estás viendo el eje Z,
y las conurbaciones enraizadas en tu pecho.
Distractions might overwhelm.
Overwhelm them back.
Change that last pronoun however many times you need.
Háblate en imperativo,
e impérate en ablativo,
después de todo, aquí estás.
Be here.
Remember how young you have never been here,
y mide la distancia entre tu espacio inicial
y tu punto final.
Ignora la línea y palmo a palmo
será tu casa de origami;
plano a plano
se entreverá el poliedro de tu esfera.

Pocos Árboles Descansan, sin mucha red

Lo he hecho. Se podría decir que lo he conseguido. Hay algo que permanecerá en estanterías, cajas o cajones mucho más tiempo después de que mi cuerpo haya perdido la batalla contra el tiempo. Llámalo poesía: he escrito un libro. Por si a alguien se le ha pasado la noticia, lo digo otra vez. He escrito un libro.

Puede que los que visitáis este blog a menudo (pese a mis jalones y rejalones de actividad, espaciados en seis meses durante los últimos dos años y de frecuencia irregular [arquitrama y trama, respectivamente]) ya lo hayáis leído. Al fin y al cabo, lo que ahora podéis comprar pudo leerse, en su mayor parte, durante abril de 2016, cuando mis circunstancias y contextos eran muy diferentes de los de ahora.

Lo que en un principio iba a ser la introducción a mi recientemente publicado poemario era una densa diatriba de tres páginas sobre algo que, más tarde, me di cuenta figuraba en lo escrito sólo de manera tangencial. Tal tirada cansaba por verborreica y por autoconsciente, quizá incluso por pretenciosa. Terminé quitándola por completo en una de las revisiones. No aportaba nada más que prejuicios (quizá positivos) hacia el cuerpo del libro, y la introducción actual es, en esencia, todo lo contrario: lo que hay en lugar de lo que quiero que encuentres. Quiero. Un verbo tabarrinísimo, y esto lo saben bien los budistas*.

Más de la mitad del libro fue escrita en un teléfono móvil, en idas y venidas de tren, en cigarros tranquilos aprovechando la veintena del termómetro con té o café enfriándose en la mesa entre una clase y la siguiente. “Pocos árboles descansan” es hijo de su tiempo, yendo en dirección contraria a sus progenitores. Exijo reflexión y meditación. No doy por sentada la comprensión. De hecho, ya han empezado a llegar los primeros comentarios. “Más rebuscado que Neruda”, ha sido uno de ellos, “casi modernista”. Y es que yo no llevo sombrero en interior.

El caso es que ahora ya puede empezar a llamárseme escritor. O, mejor aún, autor. Alguien que ha sido autor de algo. Una autoridad, etimológicamente hablando. Pero de nada sirve el arte si no hay sentido que lo capte, mente que lo procese y luego lo valore. Es decir, tengo que hacerme publicidad si quiero (y a mi editor también) que se me lea. Y hoy en día la principal herramienta de difusión de contenido personal son las redes sociales.

Todos llevamos ordenador. Muchos de estos ordenadores tienen instalados una serie de programas que te pellizcan la piel o el oído cada vez que alguien aprieta el botón indicado. En los diez años de SmartPhones que han pasado ya las notificaciones de las redes sociales nos han puenteado los centros de recompensa cerebral. Como los perros y Pavlov; los humanos y las notificaciones.

Y ya he tenido suficientes notificaciones de Facebook.

Cumpleaños de gente con la que hablé una vez en una fiesta, juegos, gente que ha subido algo, comentarios, fotos, etcétera. Silbiditos para que se nos mueva el rabo y vayamos a hozar en busca de trufas. Chanchos y chanchullos. Información gratuita para las páginas de publicidad. La deshumanización voluntaria en forma de datos. La siguiente foto ha sido uno de los detonantes de mi decisión.

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Zuckerberg at Oculus Connect Developer Conference.

Todos conectados a excepción del Supervisor. Puto miedo. Hace diez o quince años podríamos haber pensado que era el set de una película de ciencia ficción. Hoy en día es el sueño húmedo del señor Zuckerberg: todos conectados a su versión de la realidad. Altamente personalizable. Una cámara de eco que devuelva ampliados nuestros gruñidos. Aquí es donde yo me bajo de su carro.

Me borraría el Facebook, pero eso sería tener que volver a meterme en Facebook. Prefiero pensar que mi última visita a Facebook ya ha ocurrido. No voy a hacerme publicidad en esa página, ni de mi libro ni de mí mismo. Quien quiera leerme sabe dónde hacerlo. Tengo suficiente con Whatsapp y lo poco que suba a Instagram. No desdeño la utilidad del Facebook, pero sí la intrusividad empresarial que en forma de publicidad ha ido ganando terreno en los muros. Ese lenguaje diseñado para que piques, a menudo empaquetado en un no. El gancho del titular. Cebo de clicks. La complejidad de la mano humana reducida a micropresiones sobre el ratón. Azuzan nuestro golismerismo a cambio de visitas que no requieren llamadas a la puerta, sino click. Click, click, click, click, sin información real. Repito: galletitas. Trufitas. Notificadas y sin notificar. Liminales y subliminales. Normales y… bueno, os hacéis una idea.

Me habré hecho unas quince o veinte autofotos en mi vida, menos de las que mucha gente se hace antes de subir una a la red social X, Y o Z. Estoy pensando seriamente en mudarme a MySpace. Hoy en día es así como más hípster; el Antonio Meucci del Alexander Graham Bell Facebookiano. En caso de hacerlo sería con la máscara de autor.

Internet es una herramienta, y como tal, es útil. Pero no tan útil es añadirle serpientes a una bicicleta. Llegarás a sitios, pero puede que te distraigas por el camino. Prefiero la conexión directa. Quienes me conocen saben dónde alcanzarme, y quienes quieran alcanzarme sabrán cómo hacerlo.

Mientras tanto, agradezco y agradezco y vuelvo a agradecer todo el tiempo que tengáis a bien pasar entre mis líneas. Nada hay más valioso. Gracias por todo el apoyo que he recibido de amigos, familiares, familiares de amigos y amigos de familiares; lectores, todos. Repito y seguiré repitiendo: muchas gracias a todos. Seguiré posteando aquí de vez en cuando, puede que con más frecuencia, ahora que mi nombre ya está asociado a un ISBN.

Hasta muy pronto.

*No puedo evitar pensar en el “”te quiero libre” es un pleonasmo” que he visto ya en varios sitios. “Te quiero libre” no es un pleonasmo. Es un oxímoron. “Te amo libre” sí es un pleonasmo. Dadle vueltas.

PAD 5 – #24 – Stale Breath

Why teach things to the dying,
why hold hands with no bone?

The spiral reeks of madness and brine
and kindness runs fake in their ilk.

Fatherless daughters run rampant
unanaccountably poking the eyes.

The draugr retch for renovation
with stagnant words of the day.

Removed from the dictionary
the newspeak narrows the light.

And it’s oh so easy to curse darkness.

PAD 5 – #8 – A market for every segment

Let’s install a pronoun.
No apostrophes this time around.
Come on.
Somewhere down there
exists a pulsating bulge
claiming for one.
Something to cling on to,
to lay blame or see shame
bouncing back on backlit keys.
Eenie, meenie, miney, mo,
catch yourself up by the toe.
Ha! There it is. here you are.
Chance, nothing more.
Consume.
Let’s feel guilt,
and then pride for the same stuff.
Stuff your ears with some wax
say it’s nature leaking through.
 

PAD 5 – #1 – Suma y sigue

Something’s happening out here. Metal screeching hard against the rails, worn-out shoes licking off the stairs on steps too tired to go anywhere. When the hunger strikes the mind falls to deeper ends of spectrums only visible to none. Escape, where. This is still the quintessential blue dot full of knots that do what they do best: not win, but tie. It is then duty, not will, that moves the body to consume something. Not necessarily something else, is the scary thought. People are dying right and left from cannibalism and self-cannibalism. Duty took the place of instincts, or vice versa, and pride runs rampant on the vast open fields of fingerprints smeared on identities that do not exist. Projects and projections. Morpheus got it the other way around: this is the mental projection of your digital self. No, this is the digital projection of your mental self, moving around, escalating in line, always having something to check and always checking something to have.

The sun feels warm against real skin. And no pictures to take. dreams are there to make us aware of what is not dreaming. A friendly intracraneal reminder of everything that millions of years ago could kill us and now serves a completely different purpose. A flagpole waiting for our skin. But we cheat and cheat and cheat and give second hand rags soaked in the latest indentations of a blank space painted over and over and over in the cyclical murder of beauty we’ve come to accept as fashion. Freedom is slavery.jpg

Habemus Fa(tam)

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Cada vez me cuesta más encontrar púas en mi escritorio, lo cual es señal de que debería ordenarlo. Ahora que lo pienso, escritorio es anagrama de Escrotorii. Al menos ya he domado la puñetera (por no decir hijueputa malparía) cejilla en Fa lo justo para ser capaz de saltar sin mucho sobresalto de la A a la Fa. No he cercado del todo los nombres alrededor de los acordes que me he ido aprendiendo. Procuro ir alternando combinaciones con ordenaciones dentro de combinaciones a cuatro, tres o dos dedos (esos pellizcos de octava, siempre pararlelos a dos trastes de distancia), o manoteos flamenqueros ahogadillados en la falta de hueco de esta guitarra eléctrica raspándome el índice con los ires y venires de cejilla en mano torpe. Nunca aguanto mucho: o me duele el pulgar o los dedos de la mano derecha empiezan a distraerse de cuerdas, patrón o ritmo. Por eso voy a relajar la cejilla un rato y a darle a la púa que no encuentro.

Revuelvo entre papeles, tazas, cajas de cerillas, plumas, cuadernos y bolis y finalmente aparece entre las páginas de un jueves ya muy viejo, escupida de la custodia de Ortega y Pacheco. Es la púa negra de dorsos rugosos, rígida y firme para el punteo que sé que está a punto de salírseme de la muñeca en alternate picking que hacia abajo y hacia arriba y saltando de primera a quinta, de primera a sexta, de primera a cuarta y da capo interrumpen mis yemas un nosécuantos menor, c’est l’histoire d’une trêve que j’ai avais demandé, y lo que es C y creo que es Do pero en realidad es una lenta desordenación descendiente, un desgajamiento parsimonioso de las notas de someone who hears your prayers, someone who’s there, Tavo miestas, Ramuma, y todo esto es culpa de la gente pero el gallo rojo era valiente, non, non, rien n’a changé, y debería ordenar el escrotorii pero estoy demasiado absorto en darme cuenta de que he mejorado lo suficiente la coordinación dáctilo-óculo-aural como para estar generando algo que no provoque asco-puto inmediatamente, Wiya Wakan Hanhepi-Wi, estoy en una cueva y dentro y fuera hay nieve que no estorba en estos dedos desasidos de la lengua con que no toco la guitarra y el bueno de Ortega me recuerda un delahost-avec plaisir  y Pacheco dice que eso te pasa por vivir en un set·to piso de mierda con el balcón podrío y la sonrisa que me busca ya es bastante, jejeje, y cómo pueden brillar tanto unos dientes, Gran Espíritu, mirad arriba, bienvenido. Tengo que parar al poco. Acabo de reconocer que una de las cuerdas está ligeramente desafinada. A mis veintisiete añazos he aprendido a reconocer longitudes de onda tan finas que sólo pueden sonar desafinadas. Que se desgañite el conjunto, creo que ya es suficiente y no me apetece apretar las clavijas de nada.

Si alguien quiere conocer de primera mano las costumbres de Poniente puede empezar llevando las tazas acumuladas de la habitación a la cocina en el paseo de la vergüenza y recrearse frotando las costras de azúcar de los cadáveres vacíos de un café. Acariciar los fantasmas de la porcelana que te regalaron vete ya a saber cuándo. Los bolis, rotuladores y pinceles caen en sus vasos de plástico como oficinistas ante sus ordenadores, acumulando ganas de quitarse el tapón. Busco el animismo en los rincones muertos de este escrotorii. Puedo asegurar y aseguro que mi escroto no tiene nada que ver con mi escritorio. Nada en absoluto, más allá de que es ahí donde suelo tirar las púas cuando me canso, pero pienso mantener el juego de palabras hasta sus últimas consecuencias. Y tengo que decirlo: por encima mi escrotorii me apoya (un chiste fonético bien jodido), y lleva tiempo cogiendo polvo (bueno, bueno, bueno, señora, lo estamos dando, lo estamos regalando). Esto me está quedando largo y bien duro, apenas me cabe ya en la mano. Jojojolgorio. Loles como soles, oiga.

En este festival de kippel de ventanas y hojas arrancadas a las rutinitas en que los ocho travesaños se han convertido me veo bastante cerca del centro de ordenación. Todo empieza a quedarse en su sitio, y las púas van apareciendo, cayendo de todas partes. Siete en total, a todas las cuales creía perdidas. Azules blanditas manchadas de pliegues de tinta para relametones a todo mástil resonando malamente sin amplificador, otras más duras para punteos que terminan por dolerte callo adentro hasta el tuétano, Belinda was mine for a time, otras que se conocen bien las notas de Misirlou pero desconocen la casa del sol naciente por ser demasiado endebles como para aguantar la luz. Tengo los dedos medio hechos, los músculos dispuestos, los pulgares apretados contra mástil y púa. Las guardo todas en la caja de cerillas y la caja de cerillas en el cajoncito de mi archivador de cartas. Paso una bayetica mojada en cristasol. Mi escrotorii es de madera, pero así soy de hipermoderno. A veces me tomo la licencia de usar herramientas equivocadas en las superficies inapropiadas. Si todo esto es culpa de la gente y bailar con la muerte no es buen plan. Dejo a Ortega y Pacheco en el revistero del váter, esa microbiblioteca de mierdas. Cada cosa en su sitio, y las púas en la caja de cerillas, acumulándose lo que no es exactamente lengua en palabras dáctilas, trocaicas, yámbicas, eléctricas without amp jacked to the matchbox ungidas por dedos sobre madera, metal y mucha, mucha sangre. 

Regal figure of authorshipirityarchishness

There was always something
artificial about the natural law
they professed not to profess.
Banner bearers of no banners,
trumpet blowers of no trumpets,
horse riders of no horses,
except those of their own making, that is.
The thing is that they did.
Did bear, blow, ride.
A stick, righteousness, themselves.
Matters not.
The body holds no clothes.
But hey,
nakedness is what you see.
Can’t you see?
See to it
that you remain exiled,
for thou hast meine Wahrheit nicht ausgesprochen,
they say,
best case scenario.
Otherwise they’ll cut your tongue
and feed it to the goats
that moan their proud bleat
so familiar… yet…
why?
Achso, yeah.
A basket full o’ nuthin’.
And nothing shall remain,
exiled or otherwise.

PAD 4 – #10 – Quest(i) on wood

Do you remember oblivion,
the gawking nothingness drooping jaws
making mouths and wrists alike
move to say nothing consequential?

Do you remember the grime
some other fingernails smeared clear,
cleaning themselves on the same grime
time and hand and time and hand and time again,
so many times now that in the end it never mattered?

Do you? Do you remember?
Have you been blissed with forgetfulness,
a wetness smacking lips, a smile,
baboon-like teeth bared, beds
Blithed flesh, bared beds?

Do you remember the oblivion?
Can you remember what you are?
Can you remember?
Do you know who or what you are?

PAD 4 – #9 – L

The long sought-after rain arrived

With some resemblance of what we once were

And printed tests on scratched glass

Reflecting nothing but for tar-black ice.

The lonesome image presses on.

Requested likeness proves naught.

Rain like molasses scratches down the pane.

Reaching a past transparent like eyes.